La isla de Lesbos era famosa por sus cinco ciudades: Ereso, Metimma, Antisa, Pirra y Mitilene. Mitilene, la más importante, fue construida en un islote que luego se unió a tierra través de un cordón de depósitos. Lesbos era poderosa porque tenía el control del Helesponto. Sus tierras eran buenas para el cultivo de la vid, el olivo, las higueras y los cerales. En sus buenos tiempos gozó de una población acomodada y culta. Era un lugar privilegiado en el que, al menos desde nuestra visión idealizada, era agradable vivir.

Pero nunca debemos olvidar que estamos hablando de una sociedad esclavista. Ese paraíso que a veces tendemos a imaginar en la antigüedad no debía ser un mundo precisamente perfumado; los perfumes de azucena, rosa o flor de azafrán eran artículos de lujo. El propio Alejandro Magno tuvo que retirarse del campo de batalla de Gaugamela porque no era posible soportar el hedor de los cadáveres.
Lesbos había sido colonizada por los eolios. Estos eran originarios de Tesalia, en la Grecia continental, pero con la llegada de los dorios –los mismos que, como recordaréis, acabaron con Micenas – tuvieron que desplazarse. Cruzaron el Egeo y llegaron, por ejemplo, a Lesbos. Entre los eolios las mujeres no estaban sometidas a la disciplina masculina de una manera tan notable como en otros lugares. Desde siempre destacaron por su belleza. En la Ilíada (9, 128-129), Agamenón le dice a Néstor que está dipuesto a regalarle a Aquiles siete mujeres lesbias. Curiosamente, la fama de las mujeres lesbias estaba relacionada también con la técnica de la fellatio, en la que eran expertas. El verbo lesbiazein acuñado en ese momento para definir a las mujeres lesbias hacía referencia a esa práctica. No fue hasta más tarde que “lesbiana” adquirió otro sentido. Fue un escritor cristiano, el obispo bizantino Aretas, quien en el siglo IX le otorgó la significación actual.
En una tierra tan sensible a la belleza nace Safo de Lesbos, que es sin duda la mejor poetisa de la antigüedad. Si bien hubo otras, Safo no tuvo rival hasta la aparición, en el siglo IV a. C., de la poetisa Erinna, de la que sólo conocemos fragmentos.
La mayor parte de la vida de Safo está envuelta en leyendas.
Se cree que nació entre 630 y 620 a.C. Fuentes posteriores –concretamente la Suda, enciclopedia bizantina del siglo X d. C- sitúan su nacimiento durante la 42ª Olimpiada, entre 612-608. Su muerte sería entre 568 y 563. Hija de Escamandro, estuvo casada con Cércilas, comerciante rico de la isla de Andros, y tuvo una hija llamada Cleis. Conocemos también que tuvo tres hermanos: uno era escanciador del pritaneo y otro se arruinó en Naucratis (la ciudad griega situada en el delta del Nilo) al lado de una hetera -las cortesanas de la antigüedad.
Hacia el 593 a. C. Safo tuvo que exiliarse a Siracusa, Sicilia, por luchas entre familias aristocráticas rivales. De regreso a Mitilene, Safo inicia su actividad poética, compuesta especialmente por epitalamios –canciones nupciales; estos fueron los más apreciados en su tiempo-. Los fragmentos que de su obra nos quedan pueden dividirse en dos grupos: a) canciones para coro de muchachas cantadas en ocasiones festivas; b) canciones más intimistas. Se conservan unos 213 fragmentos de los 9 ó 10 libros que se le atribuyen y que, poco se fueron perdiendo o destruyendo.
Recientemente, en el 2004, se ha encontrado otro fragmento en el que se lamenta de la vejez.

La modalidad de canto utilizada es la monodia lesbia o mélica, poesía cantada por una sola voz y con lira. Para la modalidad de poemas más íntimos utilizó la estrofa lésbica o sáfica, compuesta de tres endecasílabos y un pentasílabo.
Canta Safo:
Algunos dicen que un ejército de caballería,
o de infantería, o una escuadra de navios,
es lo más bello sobre la oscura tierra.
Yo digo que lo que uno ama.
Y muy fácil es que todos lo comprendan.
Porque Helena, que conoció a los más bellos hombres,
Abandonó a su marido, el mejor de todos,
Por navegar a Troya,
Sin acordarse de hijos ni del cariño
De los padres
¡Tan lejos desvió Cipris a la amante!
….
Ahora me hace recordar a Anactoria,
Que no está conmigo,
Y a la que quisiera ver con su amoroso andar
Y la radiante luz de su rostro,
Mucho más que a los carros lidios o las armas
Con que combaten de pie sus guerreros.
Así como los hombres acusaban a Helena –o a Pandora- de todos los males de los hombres, Safo la defiende. Si se reflexiona bien, ¿no parece su actitud muy subversiva y audaz para su época? ¿Y quién es ésta Anactoria cuyo rostro Safo prefiere antes que a los ejércitos lidios? Inspira a Safo al menos dos poemas. Anacteria parte para Lidia y Safo la llora. El motivo es claramente amoroso, pero al mismo tiempo Safo entiende el amor de Paris y Helena. En otras ocasiones su delicadeza casi se nos escapa. Cuando compara el pecho de una recién casada con una violeta, no se refiere a nuestra violeta común, sino a la violeta o pensamiento de Lesbos, de hojas blancas.
Hay varias teorías que intentan explicar las motivaciones vitales de Safo. Desde las más degradantes, que le atribuyen ser una suerte de directora de burdel, hasta otras que la hacen directora de una escuela para jóvenes respetables lesbias y jonias que se preparan para el matrimonio. Lo más probable es que Safo formase parte de una asociación de mujeres o thiasos que rendían culto a una divinidad –Afrodita-. En conjunción con lo anterior, se afirma también que Safo fue una poetisa de familia bien realacionada que escribía himnos nupciales o epitalamios para las partenoi -mujeres griegas aún vírgenes- que luego debían iniciar una vida nueva con sus maridos. Lesbos es una tierra propicia para la sensualidad. Se le daba importancia tanta importancia a la belleza que había concursos. En esto era semejante a Esparta, cuyas mujeres tenían fama también de ser también muy bellas. No obstante no debemos olvidar que Helena de Troya era originaria de Esparta.
Tradiciones posteriores también atribuyeron a Safo amores con hombres: con su compatriota Alceo, con Anacreonte. Otra tradición cuenta los amores de Safo y Faón, historia que acaba con el suicidio de Safo. No es posible distinguir la realidad de la mentira. La vida de Safo se compone de unos pocos datos ciertos contenidos en sus poemas y de cientos de historias inventadas después de su muerte.
Platón, que no consideraba a las mujeres mucho mejores que los esclavos, consideró a Safo la Décima Musa. Taciano, uno de los primeros padres de la Iglesia, hacia el 180 la trata de prostituta, y no será hasta el Renacimiento –con Bocaccio y con Christine de Pizan- que su memoria estética empiece a recuperarse. Las distintas épocas la interpretan a su manera: románticamente, simbolicamente, contemporáneamente. Como sucede muchas veces, sería necesario para comprenderla trasladarnos en el tiempo a una sociedad que aún así sería incomprensible para nosotros.











